Así es, ese día fue maravilloso.
Todo comenzó un día en la cafetería de la escuela, yo te veía y mi corazón
latía tan rápido que sentía que un día de esos podía morir de un infarto. Sin
embargo, no habíamos intercambiado palabra alguna. Tres meses de clases sufrí
de ese padecimiento. Hasta que un día
como cualquiera, nunca olvidaré la fecha, en que decidí agregarte a Facebook,
sí, esa red social que está de moda. Agregas gente y puedes platicar con ella y
así fue como al final del semestre, para no dejar de verte y de sentir esas
mariposas que me hacías sentir, empezamos a hablarnos. Intentamos conocernos,
pero el destino nos puso un juego que al final un trato teníamos: no conocernos
en persona hasta después de tres meses de vacaciones, cuando volviéramos a la escuela,
pero la curiosidad mató al gato y fue así como un mes después comenzamos a
realizar video llamadas y pronto hablábamos todas las noches por teléfono.
Escuchar tu voz a distancia, verte por video llamadas, wow, mis mariposas no
podían controlarse. La aventura comenzaba, la imaginación volaba sin saber
hasta donde llegar, llegue a volar tan alto que al cielo me hiciste llegar.
Entonces llegó el día de
conocernos. Recuerdo que no podía dormir una noche antes, ya que la emoción y
las ansias me comían. Un día mágico,
inolvidable e increíble, lo recuerdo como si fuera ayer. Planeamos vernos en la
plaza y sin querer se me hizo tarde, pero llegué. Al verte mi corazón latía, las
mariposas estaban muy alborotadas en mi estómago y entonces te saludé y nos
quedamos sorprendidos. Fuimos por un café, platicamos y platicamos, cada cosa
que mencionaba me daba más curiosidad por saber de ti, pero cada palabra me
decía que juntos estaríamos para conocernos. Era sorprendente cómo después de
un mes de hablar a distancia el tenerte cerca me hacía sentir algo más. Entonces,
sin estar planeado -y como tú siempre dices: “Seguiré mis impulsos, pues lo
mejor es lo no planeado”, y así llegamos
a jugar boliche. Fue un momento especial,
en el que al hacer chuza corrí a tus brazos y como por obra del destino nos
abrazamos, ese momento de estar en tus brazos me daba mucha seguridad y confort,
y un beso nos dimos, ese beso con un
sabor muy tuyo y tan único, un beso del que después me hice adicta y no dejaba
de recordar. Fue ahí, fue ese día en el que te conocí y conocí el sentimiento
que por ti yo tenía. Y hoy, después de cuatro meses puedo decirte que el cariño
que por ti yo siento aún esta y que al decir “te quiero”, lo digo con mucha
sinceridad y es que decir te quiero es decir una estrella cuando en realidad
una lluvia de estrellas no bastaría para decirte lo que me has hecho sentir y
creer.
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